La Santa Siesta, o Yoga Andaluz.

¡Maravilloso y bendito silencio después de la comida, cuando Andalucía duerme su plácida siesta!

Hasta que termina la hora de la sagrada siesta y entonces el teléfono empieza a sonar, los niños a corretear con la delicadeza de una legión de elefantes, el timbre a sonar con estridencia, la música embravecida del vecino a retumbar cuatro habitaciones a la derecha, la puerta de la calle a cerrarse con un sonoro ¡PLOMM! y los cimientos de todo el edificio a temblar. Entonces no hay más remedio que volver a pensar. ¡Qué maravilloso y bendito silencio hubo hace un rato después de la comida, cuando Andalucía dormía su plácida siesta…!

 

La siesta es una costumbre implantada en la Bética en tiempos del Imperio Romano como método de recuperar y reunir energías para el resto de la jornada, aunque en los meses de verano, además de lo anterior, constituye un auténtico mecanismo de supervivencia ante el calor imperante.

Temperatura registrada en un termómetro de Sevilla en 2014.

Temperatura registrada en un termómetro de Sevilla en una veraniega tarde de 2014.

La hora que en el imperio romano se denominaba Sexta  dio lugar a la expresión “sextear”. Sexta y sextear acabaron en las andaluzadas siesta y siestear o sestear. Pero, según su duración, las siestas andauzas pueden ser como las películas. Un corto, un medio, o un largometraje. Porque la siesta en Andalucía puede ser:

  • Cabezaíta o cabezá: Es la versión cortometraje. Se produce en cualquier lugar y consiste en ir volcando la cabeza hacia adelante conforme se va perdiendo la consciencia.
    • Si justo después de este cabeceo, la persona se despierta, es una cabezaíta.
    • Por el contrario, si permanece dormida durante un rato, se trata de una cabezá. Si se prolonga más de la cuenta, puede tener el efecto secundario de un molesto dolor de cuello durante el resto del día.
      Señora dando una sana y necesaria cabezaíta, modalidad corta de la siesta.

      Señora dando una sana y necesaria cabezá, modalidad corta de la siesta.

  • Quedarse trahpuehto/a o ehtroncaíto/a: Es la versión mediometraje. Supone una progresiva pérdida del conocimiento en el sillón o en la butaca de playa. Es el tipo de siesta más sano y reconfortante. De hecho, es el que, según estudios que se mostrarán posteriormente, permite comenzar nuevas fases de actividad mental de un modo más fresco y desahogado. Y no solo es recomendable, sino necesario para fortalecer el rendimiento cerebral. En los niños aumenta su capacidad de aprendizaje y, por tanto, aumenta su rendimiento escolar.
  • Echarse un ratillo: Es la versión largometraje. Supone adoptar la posición horizontal bien sea en una hamaca, en un sofá reclinable o en la mismísima cama. En casos extremos puede suponer hasta ponerse el pijama y bajar la persiana. Esta última modalidad, nada recomendable por los estudiosos del sueño. Debido a su larga duración, acaba en un estado de sonambulismo nada agradable y de mal despertar. La verdad es que tras un pedazo de siesta, de cualquier medida, se levanta uno como nuevo.
¿trahpuehto o echao un ratillo?

¿Este señor está trahpuehto, o echao un ratillo? A veces es difícil encontrar el límite entre un tipo de siesta y otro. Habría que analizar los detalles concretos de la situación.

Colegio Oficial de Psicólogos de Andalucía Occidental

Según César Escalante, miembro del Colegio Oficial de Psicólogos de Andalucía Occidental, la siesta evita la saturación mental, descarga la ansiedad, y aumenta el rendimiento laboral. Todo esto se produce debido a que es una relajación física y muscular y supone un descanso cerebral. La siesta permite iniciar nuevas fases de actividad cerebral de un modo más desahogado y fresco. Por este motivo resulta potenciadora de la concentración y de la memoria. Sin embargo, hay que procurar que la siesta no se prolongue demasiado, pues un excesivo descanso despertino podría alterar el ciclo vital del sueño. El psicólgo aconseja que la siesta dure solo entre diez y cuarenta minutos, ya que descansos más largos pueden producir dificultad para despertar, mal humor e incluso sensación de falta de descanso.

campesinos durmiendo siesta en un cuadro de Picasso

Una siesta en el cuadro “Campesinos durmiendo”, de Picasso.

Países anglosajones y orientales están incorporando la tradición de la siesta diaria porque, según el César Escalante, estudios psicológicos en el ámbito laboral han revelado que si los periodos de descanso fueran más largos, los trabajadores rendirían mucho más. Google, por ejemplo, ha instalado cabinas insonorizadas y oscuras (energypods) para que sus trabajadores puedan dormir la siesta llamada “Power nap“.

Escalante también apunta que está demostrado que el nivel de percepción de las personas desciende alrededor de las nueve de la noche, continuando a ese nivel hasta bien entrada la madrugada. Posteriormente aumenta a primeras horas del día, para decrecer nuevamente entre las dos y las cinco de la tarde, intervalo de tiempo más idóneo para una buena siesta.

La siesta en la American Association for the Advencement of Science

Según otro estudio, en este caso de la Universidad de California en Berkeley, una siesta a mitad de jornada fortalece el funcionamiento cerebral. El trabajo se ha hizo público durante la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAS, según sus siglas en inglés) que se celebró San Diego (Estados Unidos) en el año 2010.

La investigación mostró lo que ya se sabía en Andalucía en época romana: Que una siesta de una hora puede restablecer y fortalecer en gran medida el funcionamiento cerebral. Los descubrimientos de la Universidad de Berkeley también sugieren que una programación bifásica del sueño no sólo refresca la mente sino que también puede enriquecerla. Por el contrario, los resultados sugieren que cuantas más horas permanece despierta una persona más se aletarga su mente.

Estos descubrimientos apoyan datos previos de los mismos investigadores de que durante la privación del sueño disminuye la capacidad para retener nuevos datos en casi un 40 por ciento debido a la desactivación de regiones del cerebro producida por las noches en vela.

Durante aquel estudio se dividió a 39 adultos jóvenes sanos en dos grupos, quienes dormían una siesta y quienes no. A mitad de la jornada, todos los participantes pasaban por una tarea de aprendizaje que activaba el hipocampo. Se trata de una región cerebral que ayuda a almacenar recuerdos basados en hechos. Ambos grupos realizaron dicha prueba a niveles comparables.

Conclusiones de la AAAS

A las dos de la tarde, el grupo de participantes que hacía la siesta durmía durante 90 minutos.  Mientras, el otro grupo permanecía despierto. A las seis de la tarde, todos ellos realizaban una nueva ronda de ejercicios de aprendizaje. Los que permanecían despiertos todo el día tuvieron un peor aprendizaje. En contraste, aquellos que durmieron realizaron la prueba mejor y aumentaron su capacidad de aprendizaje.

Estos resultados reforzaron la hipótesis de los investigadores. El sueño es necesario para limpiar lo almacenado en la memoria a corto plazo. Y también para poder dejar paso a nueva información.

The Proceedings of The National Academy of Sciences

Otra  investigación que se publicó en la revista The Proceedings of The National Academy of Sciences (PNASS) asegura que los niños desde los 3 hasta los 5 años deberían dormir una siesta en horario escolar para mejorar su rendimiento escolar. Con ese periodo de descanso y de ruptura en su proceso de aprendizaje, los niños y niñas reforzarían su capacidad de memoria y aprendizaje.

Es conocido que, en los adultos, un sueño reparador mejora su capacidad de aprendizaje consolidando la información y su almacenamiento. Sin embargo, hasta ahora había escasas evidencias científicas que demostraran que dormir una siesta pudiera tener un apreciable efecto en la capacidad de aprendizaje de los niños y niñas.

Precisamente debido a que ciertos programas de educación infantil están suprimiendo las siestas en la escuela para poder aumentar el tiempo de enseñanza, el equipo de Rebecca Spencer, del Instituto Salk de la Jolla (EE.UU.), trató de determinar si una siesta suponía o no algún beneficio sobre los niños. Así, examinaron en 40 niños, de entre 3 y 5 años, si tenían algún efecto sobre su rendimiento escolar y su capacidad de aprendizaje. Para ello, valoraron los cambios de su rendimiento gracias a una prueba visual-espacial. Una metodología muy parecida a los juegos para la memoria. En ella, los niños observan una serie de imágenes y tienen que recordar dónde se ubican las diferentes imágenes.

Los resultados mostraron que cuando los niños «se perdían una siesta no podían recuperar sus beneficios durante el sueño nocturno. Esto evidencia que hay un beneficio adicional si el sueño se produce durante el periodo educativo».

Spencer subrayó que su trabajo confirma que las siestas en el aula son positivas para el aprendizaje de los niños y niñas en edad preescolar. Esto se debe a que supone una mejora de su capacidad de memorizar y recordar. Y el beneficio, apunta la investigadora, «es mucho mayor para aquellos niños que están acostumbrados a dormir siesta, independientemente de su edad».

 


Fuentes:
Quien no comparta, que se le seque la hierbabuena.
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